Cuando el 24 de junio de 1935 se estrella en Medellín el avión en que viajaba Carlos Gardel, la noticia conmueve al mundo. A la difusión masiva de sus discos, se había sumado desde 1931 la gran repercusión popular de sus películas. Todo ello eclosionó en la gira que había emprendido por Latinoamérica, y que acabaría inesperadamente en Colombia, provocando convocatorias populares nunca antes registradas, y que sólo volverían a registrarse con la aparición de los Beatles.
¿Cuáles fueron las circunstancias que hicieron posible semejante fenómeno? ¿Cómo construyó este artista el tango cantado, música de fusión de definida presencia internacional? ¿Cómo el pequeño inmigrante francés logró sintetizar en la cosmopolita Buenos Aires de comienzos del siglo XX la extraordinaria oferta musical sustentada en las migraciones internacionales y nacionales que se desparramaron por las salas de espectáculos de la ciudad? ¿Cómo se lanzó a la conquista de los principales centros internacionales, y logró imponerse como uno de los grandes referentes del canto popular?

lunes, 17 de enero de 2011

EL TEATRO DE ALFREDO LEPERA


Por Julián Barsky*

Muchas veces, cuando a raíz de algún evento –por lo general el aniversario de su muerte- se recuerda la figura de Carlos Gardel, parece obviarse la presencia de quien fuera su gran socio artístico de los últimos cinco años de vida: Alfredo Lepera.

Cuándo se conocieron, poco importa. Algunos sostienen que fue en alguna redacción de Buenos Aires hacia fines de la década del 20. Otros, como el periodista Edmundo Guibourg, aseguran que él los presentó en París.
La cuestión concreta es que Lepera comenzó a colaborar con Gardel en sus películas europeas, aquellas que filmara en los estudios Joinville, pertenecientes a Paramount, en aquella increíble epopeya de los “estudios múltiples”.

Lepera tenía peso propio, antes de Gardel. Además de su prolífica tarea como periodista y traductor de películas, había escrito algunas revistas en Buenos Aires.

En 1920 hizo sus primeras armas en las páginas de espectáculos de El Plata, colaborando además en El Mundo, Última Hora –donde ingresó precisamente por intercesión de Martínez CuitiñoLa Acción  y El Telégrafo, diarios para los que trabajó en las secciones de información general y crítica teatral.
Aquí comenzó su tarea como dramaturgo, siendo su primera obra la revista “La Sorpresa del Año”, escrita en colaboración con el empresario Humberto Cairo, y estrenada en el Sarmiento el 24 de diciembre de 1927. Presentó luego “Los modernos mandamientos”, escrita junto con Alberto Ballestero y D. Gainza; “Gran circo político”, con Julio Filiberti Escobar; “Melodías de arrabal”, “¡Qué quieren los brasileños!”, “Piernas locas”, “Rojas bocas”, “La vida se va en canciones”, “Está abierta la heladera”, “Ya están secando con Broadway” y “La plata de Bebé Torre”, en colaboración con Pablo Suero y Manuel Sofovich; “Opera en jazz”, “Piernas de seda” y “Un directo al corazón”, realizadas en equipo con Antonio De Bassi, Antonio Botta y Carlos E. Osorio.

Voy a detenerme en el análisis de algunos puntos en común entre la escritura teatral y la cinematográfica de Lepera.
Además de la obviedad de los títulos “Melodía de arrabal” y “Ya están secando con Broadway”, es interesante hacer mención a “Gran circo político” (revista de doce viñetas de palpitante actualidad, en prosa y verso), por las referencias tangueras que aparecen en la misma.
Laestrenada por la compañía de Muiño en el teatro Smart el 27 de junio de 1931.
Por un lado, una de las protagonistas es Manolita Poli, aquella que supo estrenar “Mi noche triste” allá por mediados de la década del ´10 en “Los dientes del perro”. La otra referencia interesante es la Irineo Leguisamo, el famoso jockey que supiera ser íntimo de Gardel.

Pero la que nos interesa aún más es “La plata del Bebe Torres”, estrenada en el teatro Buenos Aires la noche del 23 de mayo de 1931.
Bajo el subtítulo de “Escenas de la vida porteña en tres cuadros”, la obra se ambientaba en un cabaret porteño, con una serie de cuadros revisteriles y lugares comunes del sainete.
El elenco era importante, con Pepe Arias y Pepita Muñoz en los papeles principales, y un elenco que incluía a Irma Córdoba, Cayetano Biondo y Gregorio Cicarelli entre otros.

El argumento es sencillo: Bebe Torres (Arias) es un “atorrante” que debido a su compulsión jugadora, le debe dinero a todo el mundo. Su novia, paciente, espera que Bebe se decida a casarse. Su futuro suegro, por su parte, le ofrece trabajar en sus campos para que “siente cabeza”.

El humor que podemos ver en esta obra es de tono picaresco, muy típico del teatro de revistas, y probablemente parecido a aquel que Lepera lamentará hayan quitado de las películas que produjera con Gardel (y que, por ejemplo, se puede apreciar en el malogrado mediometraje "La Casa es Seria").
Veamos un ejemplo:

Bebe Torres y su amig Mingucho ingresan a Harrod´s, una tienda gigantesca que supo tener su tiempo de gloria en las primeras décadas del siglo XX.
Mingucho mira alrededor y comenta:

-Qué raro... aquí las mujeres entran con un chico y salen con un globo.

BEBE: ¿Y?
MINGUCHO: Que no siempre pasa eso. A veces se entra con un globo y se sale con un chico.


Algunas curiosidades

Decíamos antes que no sabíamos a ciencia cierta cuándo se habían conocido Gardel y Lepera. Pero lo que sí es seguro que al escribir esta obra, el poeta estaba al tanto de la obra del cantor.
En un momento de la obra, Meneca (una cantante de cabaret) es requerida a cantar un tango, y ella se excusa diciendo:

“canté una sola vez... a bordo del Reina Victoria...cruzábamos la línea tropical...me puse a cantar “La muchacha del circo”... al llegar a lo de “yo soy la muchacha del circo”...zas! el barco a pique”.

Recordemos que “La muchacha del circo” fue grabada por Gardel en 1928.

En otro momento, una cabaretera se pone a tararear “Yira, yira”, el tango de Discépolo que Gardel hiciera conocido. Los presentes se escandalizan, acusando a la muchacha de loca.

El final de la obra también tiene interés. Bebe, al enterarse que pese a todo seguía teniendo dinero, festeja en el cabaret:

BEBE: Pague Don Carlos...es mi última noche de milonga (...). Pero tendremos en el recuerdo el conjuro de las noches porteñas...luces, asfalto relucientes, Rolls royce, penumbras de los parques, palacios iluminados...
COCA: ¡Palermo!
B: Alegrías de las muchachas malevas que se miran los ojos en su hilito de un arroyo arrabalero.
(A DÚO) El Maldonado.
B: Flores, mujeres, niños bien, gomina.
(A DÚO): El rosedal.
B: Aullidos de la multitud, chaquetillas encendidas decolores, finales cabeza a cabeza.
(A DÚO): ¡Leguisamo!
B: Lanchas que doblan la esquina de un río de juguetes.
(A DÚO): ¡La Vuelta de Rocha!
MINGUCHO: Cornisas que se vienen abajo.
B: Mi Buenos Aires...y el tango, el viejo tango estremecido de pena. (se empiezan a escuchar los primeros compases de “La Cumparsita”). Vamos, pebeta!


¿Suena conocido? Veamos el final de la película “Cuesta Abajo”, que Gardel y Le Pera filmaron en los Estados Unidos en 1934. El argumento debía tener un fuerte tono criollo o porteño, de manera de preparar el ambiente para las canciones que Gardel debía interpretar. De tal manera, la trama incluía expresiones, giros verbales y pies de películas que iban construyendo el tono “gardeliano”, que, junto con las interpretaciones de las canciones, crearon el clima que muchos autores sintetizaban –a falta de una mejor expresión– como “el ángel de Gardel. Esto es evidente en el argumento de Cuesta abajo, la historia de un estudiante que es arrastrado por el mundo por una bella mujer que lo domina y lo aleja de su novia formal, una tranquila muchacha, hija del dueño de un café de estudiantes.
Hacia el final, despechado y derrotado, Carlos Acosta (Gardel) es convencido por Linares (Vicente Padula) de volver a Buenos Aires. En el barco donde éste último es capitán, dialogan:

LINARES: Pero hay una vida mejor, allá en tu Buenos Aires, sin amarre de penas ni de vergüenzas, y hay un pobre corazón que sufre, y que espera... ¡que espera todavía! Que esperará siempre... Buenos Aires... El cielo porteño florecido de estrellas sobre la penumbra de los parques...
CARLOS: Palermo.
L: Milongas rezongonas y pebetas coquetas...
C: Callecitas de mi barrio... lanchas que doblan la esquina de un río de juguete... alegría de las muchachas malevas que se miran los ojos en el hilito de agua de un arroyo arrabalero.
L: El Maldonado.
C: Chaquetillas encendidas de colores... aullidos... finales cabeza a cabeza.
L: ¡Leguisamo!
C: Noches perforadas de luces que dan envidia a Broadway.
L: Calle Corrientes.
C: Mi Buenos Aires querido...

Y acto seguido se pone a cantar el tango “Mi Buenos Aires querido”, mientras aparecen imágenes de la misma y retorna, libre, a la ciudad de sus amores…


Conclusiones

No es intención de este trabajo analizar la calidad técnica de la dramaturgia “leperiana”, sino únicamente hacer un breve recorrido por algunos puntos en común entre sus textos teatrales y cinematográficos.
Quería destacar que Alfredo Lepera fue un dramaturgo con peso propio, que probablemente hubiera dejado su pequeña impronta en aquella prolífica generación de autores de la década del 30.

* Este texto se puede utilizar libremente (reproducir, citar, mencionar). Únicamente  pido que se cite la fuente, es una manera de cuidarnos unos a otros. Gracias.

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