Cuando el 24 de junio de 1935 se estrella en Medellín el avión en que viajaba Carlos Gardel, la noticia conmueve al mundo. A la difusión masiva de sus discos, se había sumado desde 1931 la gran repercusión popular de sus películas. Todo ello eclosionó en la gira que había emprendido por Latinoamérica, y que acabaría inesperadamente en Colombia, provocando convocatorias populares nunca antes registradas, y que sólo volverían a registrarse con la aparición de los Beatles.
¿Cuáles fueron las circunstancias que hicieron posible semejante fenómeno? ¿Cómo construyó este artista el tango cantado, música de fusión de definida presencia internacional? ¿Cómo el pequeño inmigrante francés logró sintetizar en la cosmopolita Buenos Aires de comienzos del siglo XX la extraordinaria oferta musical sustentada en las migraciones internacionales y nacionales que se desparramaron por las salas de espectáculos de la ciudad? ¿Cómo se lanzó a la conquista de los principales centros internacionales, y logró imponerse como uno de los grandes referentes del canto popular?

domingo, 15 de marzo de 2015

LOS HOGARES DE CARLITOS


En este post, voy a describir los hogares en los que Carlos vivió durante su temprana infancia. Acompáñenme en este apasionante tour por la Buenos Aires de 1900...



LOS HOGARES DE CARLITOS

Por Julián Barsky *

LA CASA DE ANAIS BEAUX



El epígrafe dice:
"En la foto aparecen de izquierda a derecha,
Anais Beaux de Muñiz,
Fortunato Muñiz y Berthe Gardes.
Anais era la dueña del taller de planchado
donde trabajaba la madre de Gardel".
En 1960 Esteban Capot, viejo conocido de la infancia de Carlos fue entrevistado por la revista Platea. Allí declaró: 
"En una carta que Berta le escribió a mi madre a poco de llegar a la capital argentina, le hacía saber el cariñoso recibimiento con que fue recibida por Anaïs, su esposo y el grupo de amigos que fue a esperarla a su arribo.
Una semana después de estar viviendo en la casa de Anaïs, la señora Berta tuvo su primer domicilio en la calle Uruguay 162".

Aclaro que no me interesa aquí analizar la declaración de Capot, sino los datos que menciona.

En el censo de 1895 (dos años después de la llegada de Berta y Carlos a Buenos Aires), Anaís figura domiciliada en la calle Uruguay 686 bajo el nombre de Anaïs Beau (sic), de 32 años, francesa, planchadora, sabe leer y escribir, no posee propiedad raíz y es huérfana de padre.
Con ella figura Amanda Beau, de un año de edad, argentina, nacida en Capital Federal (al parecer, Amanda fue la hija natural de Anaís y el señor Fortunato Lemos Muñiz, que por entonces aparecía domiciliado en La Plata con su esposa Carolina Castagnetto e hijos). El domicilio está localizado en un inquilinato que contaba con un piso y azotea.


Tres años más tarde, Anaís aparece viviendo en la calle Corrientes 1557. Allí reconoce como su hija a Amanda Lila, cuatro años después de su nacimiento. Uno de los testigos es Graciano Beaux de veinte y tres años, soltero, domiciliado con Anaïs, donde posteriormente viviría también Berta. 
Sobre Fortunato hay que decir que, si bien en el censo de 1895 figura como empleado de la policía y domiciliado en La Plata, al menos hasta octubre de 1886 vivía en Capital (calle Talcahuano 248) junto con su familia, como figura en el acta de bautismo de su hijo Américo Fernando. 

LA CASA DE LOS FRANCHINI



Rosado Corrado de Franchini.
Berta Gardes fue entrevistada en 1936, un año después de la muerte de Carlos. Allí relató el encuentro con la familia Franchini: 

"Nuestra llegada Buenos Aires fue el 23 de marzo de 1893.
Poco tiempo después comencé a trabajar en el taller de planchado de doña Anais B. de Muñiz, que es esta misma señora que me acompaña actualmente….”
—La vida en ese tiempo —prosigue la viejita— era muy dura, y por mi trabajo me era materialmente imposible atender a Carlitos. Entonces fue que resolví entregarlo a una familia que lo quería como a un hijo, y de quienes éramos casi vecinos. Así la casa de doña Rosa C. de Franchini se convirtió en un verdadero hogar para mi hijito."

En el mismo artículo, los Franchini también fueron entrevistados (Rosa había fallecido en 1920). Sobre esta convivencia, recordaban:
"Nosotros vivíamos en la calle Corrientes entre Paraná y Uruguay, en una casa de inquilinato (muy cerca de la casa de Anaís Beux, nos). Nuestra madre lo quería a Carlitos entrañablemente, y éste la llamaba "mamá Rosa". Doña Berta venía a verlo muy a menudo, y se puede decir que tenía dos amores maternos. No lo olvidamos nunca."
Era de un carácter muy vivaz, muy travieso, pero tan bueno... —Y las mujeres, solteras todas ellas, piensan acaso en el hijo que la vida no les dio, y en cómo lo hubieran querido, si fuese así como el Carlitos de hace cuarenta años.— ¡Cuarenta años! Si parece que fué ayer cuando se escapó de casa, y alguien nos vino a decir que lo habían visto en el puerto, con otros chicos, vendiendo fósforos. Pero el pobrecito no tenía noción ninguna de maldad. Tampoco era para tener monedas y malgastarlas...
—Yo creo— dice uno de los hermanos— que desde muy chiquito soñaba con ser cantor. Él mismo lo decía. Muchas veces, de noche, cuando se acostaba, lo veíamos en la cama con un pequeño palo, a manera de guitarra, y cantaba las canciones de la época, mientras decía: "Yo voy a ser un gran cantor". Y esas palabras que entonces se le oían como ocurrencias de chico, cobran ahora, a través de tantos años, valor de predestinación. "Yo seré un gran cantor"...
Su infancia fue toda así. Pasamos por él más de un sobresalto. A los siete años se sentaba en las puertas de calle a cantar, y enseguida lo rodeaba un mundo de muchachitos y por intermedio de ellos, muchas familias se lo llevaban a sus hogares, durante días enteros. Después volvía como si nada hubiese pasado, y su ternura borraba toda intención de castigarlo. Más tarde, doña Berta lo inscribió en el colegio San Carlos, y algún tiempo después volvía a vivir con ella."

Lamentablemente, el censo de 1895 no registra la presencia de Carlos y Berta. Sí en cambio, registra a los Franchini. Voy a profundizar un poco en la cuestión, pues no hay que olvidar que éste fue el hogar alternativo de Carlos durante su infancia.
El matrimonio Franchini (o Franquini, según la anotación del censo de 1895) vino a la Argentina entre 1878 y 1880, junto con su hijo mayor Fortunato. Lo más probable es que hayan salido del puerto de Génova, uno de los emplazamientos más habituales para la salida de los emigrantes italianos. Había algunos barcos que hacían el recorrido habitualmente: el Nord América, el Rio de Janeiro y el Hamburg entre otros.
Juan Franchini -hijo de Tomás Franchini y Luisa Baliduin) nació en el municipio de Urbana, Italia, hacia 1847 o 48. Hacia 1883 su profesión era naranjero. La situación familiar debió mejorar, pues hacia agosto de 1885, se define como "verdulero".
Rosa Corrado, por su parte, era hija de Juan Corrado y Catalina Castigloni, nacida en Lavona, municipio de Génova, en 1852. La pareja era católica, y se había casado. Para la época en que los Gardes le conocieron, la familia estaba compuesta por cinco hijos: el mencionado Fortunato (nacido en Italia en 1878), Ángela (argentina, nacida en 1880/81), Francisca Antonia (nacida en Buenos Aires el 19 de setiembre de 1882, y bautizada el 24 de junio del año siguiente), Antonio Juan Guillermo (25 de junio de 1885) y María (29 de abril de 1890). Juan -el padre- falleció entre 1890 y 1895, dejando a la familia en un estado de orfandad. 
¿Habrán llegado los Gardes a conocer al marido de Rosa? No lo sabemos. Según los datos que consiguió la investigadora Martina Iñiguez, el padre fue quien registró a María en su nacimiento. En ese momento, los Franchini vivían en la calle Libertad 858. La pequeña nació en el domicilio.
El censo de 1895 indica que los cinco hijos vivían con su madre, y se habían mudado: Fortunato, con diecisiete años, se desempeñaba como empleado, mientras que Rosa y sus dos hijas mayores trabajaban como planchadoras. El Censo muestra que los dos niños más pequeños, Juan y María, iban a la escuela a pesar del fallecimiento del padre. Es de notar que María, con cinco años recién cumplidos ya concurría a primer grado (la edad de ingreso era seis, pero se solía hacer esta excepción).

El censo -además de los datos que ya expuse arriba- me dice muchas cosas del ambiente en que la familia se desenvolvió. Por empezar, vivían en la Sección 5, una de las zonas más densamente pobladas de la Capital. En su manzana, existían varios inquilinatos. El de ellos estaba compuesto de la siguiente manera:

Sobre un total de ciento treinta y tres inquilinos, ochenta y cuatro eran italianos (63%) y cuarenta y uno argentinos (30,82%). 

El resto se dividía entre belgas (dos), peruanos (dos), un oriental (sic) y un francés, además de dos personas que no responden a la pregunta.

En relación a los oficios, éstos están bastante diversificados, pero con una fuerte tendencia a los servicios. De todos los censados, ochenta y tres reconocieron una profesión, distribuida principalmente entre almaquinos (doce, ¿querrá decir almaceneros? Pueden ser también comerciantes de maquinaria), diez sastres, ocho costureras, siete lavanderas, siete zapateros, siete albañiles y seis planchadoras. 

Otro elemento interesante para ver es la cantidad de niños, y su situación escolar. Sobre cuarenta y seis niños censados, hay veintinueve en situación escolar (es decir, entre los seis y los catorce años). La cantidad de niños que concurren a la escuela y los que no, está prácticamente dividida por la mitad: un 48,2% concurre a la escuela y un 51,8% no lo hace.
Asimismo, llama la atención que cuatro adultos reconocen concurrir a la escuela. Sin embargo, viendo la cantidad de respuestas que son dadas en italiano, es posible que se trate de una confusión (los cuatro adultos que dicen estar escolarizados contestan al censo en forma consecutiva, y son todos italianos).

Hay otros datos que revelan el componente socio-económico de los inquilinos: en todo el inquilinato, no hay un propietario raiz (quiere decir que nadie contaba con una propiedad de origen, aunque sea en su país natal).

El conventillo de los Franchini era un conventillo intermedio, contaba aproximadamente con unas treinta y cinco habitaciones donde se distribuían los inquilinos (casi cuatro habitantes por pieza). Se pagaba, aproximadamente, entre once y veinte pesos de alquiler por mes.

Una foto que afirma el vínculo:
Carlos Gardes y María Franchini en una foto de estudio.


Esta foto fue publicada por la prensa por primera vez en la revista “La Canción Moderna” en 1936. Fue entregada por Berta Gardes, madre de Carlos, con motivo de cumplirse un año del deceso del artista. En ella, según lo relatado por la nota, aparece su hijo -recordemos que su apelllido era Gardes, no Gardel, éste sería un nombre artístico que se pondría ya de adulto- con una hija de la familia Franchini.
Como bien notó la investigadora Guada Aballe y otros en su momento, la niña de la foto probablemente sea María Franchini, la hija menor de la familia, siete meses mayor que Carlos. Por las edades de ambos, y la existencia de la casa Benincasa -el estudio fotográfico-, la foto debió ser tomada entre 1896 y 1898 (en otro post hare un análisis de todo esto).

Más adelante, los Franchini se mudaron a la calle Simbrón 3857, en el barrio de Villa Devoto, donde también instalaron un taller de planchado. Aparentemente, Carlos también supo pasar temporadas en su casa, cuando Berta se ausentaba. Incluso los hijos de Rosa recordarían que en esa época recibieron numerosas reprimendas y castigos de sus padres por ocultar las travesuras del muchacho, que llegaba a deshora o directamente no volvía a pernoctar. Pero ésa es otra historia.

Foto de Berta (flecha) con Odalie Ducasse, en la casa "La Odalie".
LA CASA DE LOS CAPOT

El tercer hogar sobre el que hay declaraciones en relación a que Carlos pasó allí su primera infancia, es el de Odalie y Esteban Capot. En la base de datos de Centro de Estudios para la Migración Latinoamericana, se los presenta como llegados a Buenos Aires en el Vapor Córdoba desde Burdeos, el 15 de mayo de 1889 (es decir, casi un año antes que los Gardes). Allí figuran como
Capet (sic) Odalie, francesa, de 27 años de edad, costurera, católica y Capet Stephan (sic), de 7 años de edad, católico.

Vuelvo a Capot: "Retomando el hilo de la historia, les diré que nuestras madres, a su llegada a Buenos Aires, trataron de vivir lo más cerca posible. Nosotros en un inquilinato de la calle Talcahuano 35 y doña Berta y Carlitos en una casa de igual naturaleza en Uruguay 162. Doña Berta trabajaba de planchadora en un taller que había en Montevideo entre Corrientes y Lavalle y mamá arreglaba sombreros y fabricaba cigarrillos con maquinita.

Cuando doña Berta iba al taller de planchado dejaba a Carlitos al cuidado de mi madre". 
Según las declaraciones de Capot, esto debió ocurrir entre 1893 y mayo de 1895, pues en el censo de ese año, su madre ya figura viviendo en un domicilio cercano a Pasco e Independencia, en el barrio de San Cristóbal, a unas diecisiete cuadras del domicilio de los Gardes; una distancia que se me ocurre difícil de cubrir para llevar a su hijo y luego volver al taller de planchado. Allí figura como Odali (sic), viuda, de profesión cigarrera, que sabe leer y escribir, que tiene un hijo y que no posee propiedades. Esteban -que por entonces contaba con trece años- no figura viviendo con ella (ya vamos a ver por dónde andaba). 
Era un domicilio donde la mayoría de los inquilinos era italiana, con oficios tendientes a los servicios y el comercio (costurera, sastre, zapatero, carpintero, aparadora), y casi nadie sabe leer y escribir.

Esteban Capot, por su parte, figura registrado en el censo de 1895, pero en otro lugar de Buenos Aires: en la sección Sección 27, Subdivisión 63, más precisamente (es de notar que los domicilios de madre e hijo no son lejanos; quizá Capot vivía con su madre pero en el momento del censo se hallaba en el regimiento).

Allí se sindica de trece años de edad, nacido en la provincia de Santa Fe (?), que sabe leer y escribir y no es huérfano. Los datos coinciden, pues Esteban Cirilo Capot -tal era su nombre- nació en el pueblo francés sureño de Nerac, en el mes de enero de 1882.
(Queda para otro post reflexionar sobre el por qué adujo haber nacido en Santa Fe).

"Yo empecé a estudiar la flauta con un profesor particular (...). Antes de tener quince años, yo firmé contrato con el 8º de Infantería de Línea en calidad de flautista. Fue en el tiempo que se derrumbó el 4º de Infantería en Santa Catalina, donde resultaron heridos numerosos soldados. Después me llevaron a Río Negro y participé en la campaña a pie, de 240 leguas y recuerdo perfectamente que marchábamos con una mochila al hombro, que pesaba 26 kilos. Estuve en la inauguración del fuerte General Roca, en el citado territorio nacional, y allí conocí y me hice gran amigo del aborigen José Colón Contreras que después llegó a ser muy amigo de Carlitos Gardel.”


Es probable que ya estuviera dentro del regimiento, pues con él figuran censados otros 149 militares, entre ellos 26 que se dan a conocer como "músico militar" (curiosamente, Capot sólo figura como "militar". ¿Todavía no habría sido aceptado?). Además, en ese sector se radicaba el Cuartel Batallón Infantería de Marina, y también figuraba el hospital militar.

"Desde 1891 al 95 guarneció el 8 a las ciudades de La Plata y Buenos Aires -recordó Capot-; con otros cuerpos marchó en 1895 a Patagones a formar parte de la División del Sur, División destinada a ser la vanguardia de un ejército cuyo mando se confió al General Godoy, y en enero de 1896 llegó a Roca, permaneciendo hasta setiembre.”
Una foto familiar: Carlos (primero izquierda) junto con Esteban Capot (parado al medio).
Debajo: el padrastro de Esteban y Odalie. A la derecha: un amigo (sin identificar).

En 1917, Carlos Gardel le dedicaría una fotografía a Esteban Capot, en la que le recordaba con cariño: 
"Al querido amigo de la infancia".

Reflexiones y conclusiones:

Resumiendo los elementos que Berta Gardes, Esteban Capot, los Franchini y el propio Gardel dijeron -además de los documentos y las fotografías-, puedo presentar un escueto resumen de la niñez de Carlos:
  • Marzo de 1893: Llegada a Buenos Aires a bordo del barco a vapor Dom Pedro. Una semana en la casa de la familia Beaux (Uruguay 686?).
  • 1893-1904: Uruguay 162 (domicilio de Berta).
  • 1893-1894: estadías irregulares con la familia Capot (Talcahuano 35).
  • 1894-1899: estadía permanente con la familia Franchini (Corrientes 1588, entre Paraná y Uruguay), alternada con la casa de su madre Berta, y eventuales pasos por casas amigas (sin identificar).
  • 1897: cursa primer grado en la Escuela Superior de Niñas (Talcahuano y Viamonte).
  • 1899: cursa segundo grado en la Escuela Elemental para Varones (Libertad 455).
Mapa de la ciudad de Buenos Aires (1892).
X Casa de Berta y Carlos (Uruguay 162)
X Casa de la familia Franchini (Corrientes entre Paraná y Uruguay)
X Posible domicilio de Anais Beaux (Uruguay 686)
X Segundo domicilio de Anais Beaux (Corrientes 1557)
X Casa de los Capot (Talcahuano 35)
X Taller de planchado de Anais Beaux (Montevideo 463)
X Escuelas fiscales a las que Carlos concurrió entre 1897 y 1900 (Talcahuano 678 y Libertad 455) 

Una reflexión sobre las relaciones de Berta. Más allá de la lógica del origen -Anais y Odalie eran francesas, y había una relación previa-, también hubo otro elemento que las ligaba a todas, y que era la ausencia, en principio, de un marido o jefe de hogar. Anais tenía una hija natural, y no se sabe si alguna vez formalizó su vínculo con Fortunato Muñiz, que hacia 1895 figuraba casado en La Plata; Odalie y Rosa eran viudas, y Berta era madre soltera (ignoro cómo se presentaba ante sus compañeras, quizá lo hicera como viuda, pero para el caso es lo mismo). 
En ese sentido, el censo de 1904 nos revela algo interesante sobre el carácter de los franceses en relación a los italianos y españoles, las otros dos grandes comunidades de inmigrantes: mientras que la relación de mujeres solteras vs varones solteros era bastante desigual entre la gente venida de Italia y España (1 a 3 en el primer caso, 1 a 2 en el segundo), la colectividad francesa presentaba una paridad casi perfecta: 3441 solteros contra 3159 solteras. 

Como se puede ver, la infancia de Carlos en Buenos Aires se centró en pocas cuadras, casi trazando una cruz entre las calles Uruguay y Corrientes.
Dichas manzanas pertenecían a la circunscripción No14 de San Nicolás (también conocida como la Sección 5). Era ésta una zona densamente poblada, con un promedio, hacia principios del siglo XX, de 471 habitantes por manzana. 
En ese tiempo existían unos dos mil conventillos censados por la Municipalidad. Eran ambientes de alta promiscuidad, con un patio central donde jugaban los niños, lavaban y tendían la ropa las mujeres y se acumulaban los enseres que no cabían en las pequeñas habitaciones. Hacia él se abrían todas las puertas, por lo que cada habitación disponía de alguna intimidad mientras la puerta permaneciera cerrada. Rara vez los conventillos tenían cocinas comunes y se cocinaba en braseros de carbón, colocados en un cajón o repisa a la entrada de los cuartos o dentro de ellos. Otros cajones a la entrada solían tener una palangana para lavar o servían para recoger los residuos. Por todo ello, en verano el lugar más despejado y fresco pasaba a ser la vereda. Al anochecer, la calle se poblaba con las conversaciones de los inquilinos que trataban de escapar a la estrechez de los cuartos.
Los conventillos eran antiguas casas remodeladas o nuevas construcciones destinadas a su alquiler. En ambos casos se trataba de rectángulos alargados alrededor de un patio. Las habitaciones medían generalmente cuatro metros por cuatro y la promiscuidad, producto de compartir, toda una familia, una única pieza, se agravaba en caso de enfermedades contagiosas. 
Los conventillos del centro de la ciudad -que es donde se hallaban las viviendas de los Gardes y sus amigos- tenían ciertas ventajas, pues contaban con servicios públicos como agua corriente, cloacas y pavimento. No obstante, compartían con los de otras zonas varios problemas: la falta de luminosidad, dado que las habitaciones contaban con una sola abertura –la puerta que daba al patio–, y el reducido número de baños y duchas. Hacia 1896 el alquiler de una de estas piezas representaba el 16 por ciento del salario de un obrero industrial. Hacia 1904, el alquiler promedio en la circunscripción 14 era entre once y veinte pesos por mes.

El oficio de Berta, Anais y Rosa y sus hijas (planchadoras), así como el de Odalie (cigarrera) eran algunos de los trabajos más buscados y de mayor crecimiento dentro del campo laboral: 6.247 planchadores y 2.203 cigarreros se desempeñaban en la ciudad de Buenos Aires hacia 1895. Entre las mujeres, y debido a lo duro de las condiciones, se priorizaba la presencia de las jóvenes y las solteras. Las planchadoras pertenecían al rubro "personal de servicio", que contemplaba un 13,73% de la mano de obra ocupada, mientras que las cigarreras eran parte de "industria y artes manuales", grupo que abarcaba el 30,53% de la población activa y ocupada.
Anais Beaux contaba con un taller de planchado propio (aunque en el censo de 1895 dijo no tener ninguna propiedad raíz), lo que le daba un status algo mayor: había casi doscientos cincuenta talleres de esa naturaleza en la ciudad (lo cual revela, además, la impresionante demanda al respecto, pues en el rubro "talleres", los de planchado sólo eran superados en cantidad por los de calzado y lustrabotas, que casi le doblaban en número).
Las personas que se desempeñaban en servicios, talleres y fábricas tenían, de promedio, unas nueve horas de trabajo diario, de lunes a sábado (en algunos casos, los domingos también). Se les pagaba por día, y si el obrero faltaba, no cobraba. 
¿Qué sueldo cobraban, aproximadamente? Esto podía variar, pero el promedio de una cigarrera rondaba los dos a tres pesos diarios. Otro tanto ocurría para las planchadoras.
Las familias se sostenían en general, con un único ingreso, producto del trabajo del padre de familia. Cuando los niños varones crecían, solían ser incorporados como aprendices en alguno de los talleres que demandaban este tipo de trabajo, principalmente la industria del tejido, la fabricación de fósforos y de alpargatas (en 1904, 7.191 niños estaban incorporados al trabajo fabril, algo más del 10% del total de los obreros).
El quehacer doméstico era muy intenso: limpiar, lavar a mano la ropa de toda la familia, recibir a los proveedores y preparar los alimentos, le llevaba a las mujeres -en general, las encargadas de dichas tareas- una enorme cantidad de horas al día. Algunos alimentos -como la carne y la yerba mate- eran muy baratos, por lo que el alimento diario más o menos podía cubrirse.

En ese contexto, es natural que Berta haya buscado quien pudiera cuidar a su hijo. Y también, es loable que se haya preocupado por darle una educación formal. Su vínculo con los Franchini y con los Capot, que también actuaron en esa dirección con respecto a sus propios hijos, reafirma la idea de que para Berta el bienestar de Carlos fue una preocupación permanente en la vida de ambos. 


Fuentes:

Libros:
  • Barsky J. y Barsky O., Gardel la biografía (2004), Editorial Taurus, Buenos Aires.
  • Censo Nacional de Población (1895). Disponible en web: Family Search.
  • Censo General de la Ciudad de Buenos Aires (1904).

Declaraciones y publicaciones:
  • La verdadera vida de Carlos Gardel recogida de labios de su propia madre, "La Canción Moderna", 6 de junio de 1936, en Peluso H. y Visconti, E., 20014, Carlos Gardel y la prensa después de su muerte (1935-1950), Ediciones Corregidor, Buenos Aires.
  • La madre de Gardel sueña que su hijo no ha muerto, "La Canción Moderna", 8 de febrero de 1936, en Peluso H. y Visconti, E., 20014, Carlos Gardel y la prensa después de su muerte (1935-1950), Ediciones Corregidor, Buenos Aires.
  • A la búsqueda de la infancia de Carlos Gardel, en Peluso H. y Visconti, E., 2014, Carlos Gardel y la prensa después de su muerte (1950-2002), Ediciones Corregidor, Buenos Aires.
  • Anaïs Beaux- Fortunato Muñiz - Testigos vedados - (Martina Iñiguez). Disponible en web: https://sites.google.com/site/eluruguayocarlosgardel/httpsitesgooglecomsiteeluruguayocarlosgardel/anaiex-beaux---fortunato-muniz---testigos-vedados



* Soy investigador, docente y músico. He escrito algunos libros sobre la cultura popular de Buenos Aires y, especialmente, sobre la vida de Carlos Gardel. Este trabajo se puede transcribir, citar, mencionar, etc etc, pero por favor, nombren el origen. Es una manera de honrar el trabajo de los demás.

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