Cuando el 24 de junio de 1935 se estrella en Medellín el avión en que viajaba Carlos Gardel, la noticia conmueve al mundo. A la difusión masiva de sus discos, se había sumado desde 1931 la gran repercusión popular de sus películas. Todo ello eclosionó en la gira que había emprendido por Latinoamérica, y que acabaría inesperadamente en Colombia, provocando convocatorias populares nunca antes registradas, y que sólo volverían a registrarse con la aparición de los Beatles.
¿Cuáles fueron las circunstancias que hicieron posible semejante fenómeno? ¿Cómo construyó este artista el tango cantado, música de fusión de definida presencia internacional? ¿Cómo el pequeño inmigrante francés logró sintetizar en la cosmopolita Buenos Aires de comienzos del siglo XX la extraordinaria oferta musical sustentada en las migraciones internacionales y nacionales que se desparramaron por las salas de espectáculos de la ciudad? ¿Cómo se lanzó a la conquista de los principales centros internacionales, y logró imponerse como uno de los grandes referentes del canto popular?

martes, 24 de marzo de 2015

O RONDEMAN: los guapos del Abasto rimaron mi canción

Todo artista tiene un comienzo: el de Gardel estuvo vinculado al fascinante mundo del Abasto, en el corazón de la Buenos Aires de 1900. El O´Rondeman, fonda de los Traverso, supo ser la cuna artística del máximo cantor rioplatense. Los invito a seguirme en este recorrido...


Por Julián Barsky*


O´RONDEMAN
El O´Rondeman, en su época dorada.
Buenos Aires estaba cambiando. La llegada de millones de inmigrantes hacía perentoria la necesidad de expandir los servicios de la ciudad.
¿Cómo alimentar a esa multitud, cóm proveerla de leche, carne, frutas o vinos? 

En esa dirección, el 30 de julio de 1889 se constituyó la Sociedad del Abasto Proveedor, con la adquisición del terreno limitado por las calles Lavalle, Anchorena, Laprida y Corrientes.  El emprendimiento venía a reemplazar al antiguo Mercado Modelo de la calle Lorea, y tenía un emplazamiento inmejorable, ubicado sobre la transitada calle Corrientes, a pocos pasos de la estación del ferrocarril que iba a la provincia de Entre Ríos –en aquel entonces el tren llegaba hasta Pueyrredón–, y equidistante de los Corrales y la Casa Amarilla.
El alma del nuevo mercado fue el italiano Miguel Camuyrano, quien logró agrupar a su alrededor a otros quinteros –los hermanos Rosero, Fortunato Capurro, Diego Salvo, Le Vicenzi, entre otros– que, como él, buscaban un espacio físico donde realizar sus ventas mayoristas.
Muy pronto su capacidad visionaria quedó evidenciada y los puesteros comenzaron a prosperar a velocidades geométricas. “Nunca se vieron en Buenos Aires anillos más escandalosos que los de aquellos nuevos ricos. Si el brillante no tenía el tamaño de un garbanzo, no se lo ponían. De la cadena de reloj de Cosme –de oro macizo, naturalmente– pendía una tremenda medalla que representaba el escudo de Italia hecho con esmeraldas, brillantes y otras piedras preciosas”. 
Comenzaron a instalarse en los alrededores todo tipo de comercios: hoteles, cafés, cines, fondas y comités políticos. En las fondas, los hombres del interior apuraban bebidas alcohólicas y entonaban canciones típicas. Dos fondas comenzaron a descollar por encima de las demás: el “Chanta Cuatro”, de Luis Sanguinetti, que en 1893 instaló su fonda y cancha de bochas en la calle Anchorena; y el O´Rondeman, de la familia Traverso.

Agustín Francisco Traverso nació en Sestri Ponente, perteneciente al municipo de Génova, Italia, en 1845. Se casó con María Stagno, también genovesa, tres años menor. 
Aproximadamente entre 1868 y 1869 viajaron hacia la Argentina, radicándose en el barrio de la Boca.
Don Agustín fue un hombre querido y respetado dentro de la comunidad. Como la colectividad genovesa era muy nutrida, el patriarca de los Traverso no se expresaba en otra cosa que en su idioma natal.

-¿Qué tal, don Agustín? ¿Lloverá?
-Quel tiempo lelí: llueve o no llueve, de ahí no pasa -contestaba.

Los Traverso tuvieron una gran cantidad de hijos, de los cuales dos tendrían relevancia en la vida de Carlos Gardel: Alberto y Constancio. Hacia 1893, don Agustín y su esposa -que ya contaban con una fonda en el antigua Mercado Modelo- la mudarían a las cercanías del mercado del Abasto. La nueva fonda, ubicada en la esquina de Laprida (No.534) y Humahuaca, pasó a llamarse O’Rondeman (que en dialecto genovés significa abundancia o exuberancia). Era una estructura de dos pisos, donde parte de la numerosa familia Traverso ocupaba la parte superior, mientras la clientela era atendida en la planta baja, de unos 150 m2. El local contaba con un sótano y un depósito, a los cuales se accedía por escalones de mampostería.

ALBERTO "GIGGIO"
Caricatura de "Giggio" Traverso.

"-¿Morocho, te acordás de Yiyo?

-¡Pobre Yiyo!, me quería tanto que la última vez que lo vi le hice afeitar los bigotes; lo había convencido de que estaban pasados de moda".
Carlos Gardel.







El 31 de marzo de 1906 falleció María Stagno. Poco después, de Don Agustín partió hacia Génova, dejándole el negocio a cargo de su hijo Alberto "Giggio".
Alberto nació el 16 de marzo de 1881, siendo el séptimo hijo de los Traverso. Fue bautizado el 28 de abril de ese mismo año. En el acta, su padre se declaraba labrador, y la familia vivía en Barracas norte (La Boca).
El joven tomó las riendas del O’Rondeman e inauguró la época dorada del establecimiento, gracias a su buen gusto para la cocina y su capacidad para crear un ambiente agradable.
Poco a poco Giggio fue transformándose en un espectáculo en sí mismo –al principio jocoso, y luego triste–, al punto tal que muchos comensales visitaban el local sólo para "verle en acción". Dicharachero y fanfarrón, Traverso solía pasearse entre las mesas, charlando con la clientela y preguntando si la comida era de su agrado. Cuando alguien se quejaba aduciendo que no era fresca o que el sabor tenía algo raro, Giggio tomaba el plato en cuestión y, ante los ojos asombrados del cliente, devoraba el contenido del plato en dos bocados, entre las risas y aplausos del resto de los comensales.
Posible fotografía
de Giggio Traverso.
En otras ocasiones, solía sentarse en una mesa a comer un plato que no estaba teniendo salida. Los parroquianos, al ver que el dueño comía ese menú, se tentaban a pedir lo mismo.
Traverso ejerció también un gran magnetismo sobre los jóvenes, y aunque por entonces él ni siquiera había cumplido los treinta, su enorme porte, su morrudo bigote y sobre todo su forma de ser, le conferían un aura paternal que atraía a los muchachos perdidos por el Abasto. Muy pronto, una barra importante comenzó a aglutinarse alrededor de su figura: “Granolina”, Mingo “Daguita”, César Menotti -uno de sus cuñados-, Manuel Riccio, el “Tano” Oriente,
Carlos Gardes...

¿Cómo llegó Carlos a ser parte de la "barra"?
Según una versión, el dueño del bar El Criollito del Abasto, situado en la esquina de Santa Fe y Centroamérica –hoy Pueyrredón–, le permitía a un joven Carlos, de tanto en tanto, cantar a cambio de algunas monedas. Allí le escucharon José “Tano” Oriente, Domingo Vito –alias “Mingo Daguita”-, y César Labrandi “Granolina”, y le llevaron al O’Rondeman para que le oyese Giggio.
Según otra fuente, en cierta ocasión Carlos se hallaba cantando en un almacén ubicado en la esquina de Bulnes y Guardia Vieja, cuando pasaron por allí “Daguita” y el “Tano” Oriente, quienes, impresionados con la voz del joven, ingresaron en el local para escucharle con más atención. Gardes (recordemos que ése era su verdadero apellido, y que recién unos años más adelante se lo cambiará por el de "Gardel") apenas manejaba la guitarra, pero a cambio desplegaba un caudal de voz y un sentir interpretativo nada despreciables. Oriente no dudó y se acercó al cantor para invitarle a cantar en lo de Giggio.

Domingo Vito ("Mingo Daguita") aseguraba que Carlos"en ese tiempo no hacía nada, venía nada más que ahí... de Rondeman, donde parábamos nosotros, que era de los Traverso, venía ahí...comía con nosotros, se quedaba a comer con nosotros, dormía donde caía, y después volvía a la tardecita... la vida más o menos de todos esos años".

La fonda alcanzaba el pico máximo de actividad hacia la medianoche, pues la mayoría de los puesteros comenzaba el trabajo en las primeras horas de la madrugada. Mientras esperaban, muchos se acercaban al O’Rondeman para ver las actuaciones de los músicos. Payadores como Gabino Ezeiza o cantores como Betinoti se presentarían en numerosas ocasiones. Giggio, conmovido por la voz y la simpatía de Carlos, lo invitó a cenar en su fonda todas las noches (con el consabido aumento de peso que se le verá en las fotos de esa época). Allí, además de comer, cantaba para los parroquianos presentes, pero su orgullo no le permitía pasar un plato para que la clientela depositara una moneda si le había gustado el número, y tampoco permitía que alguien lo hiciera por él. Fue así como Giggio recurrió a implementar una suerte de rifa “a beneficio” del cantor, con el sorteo de una botella de coñac. El cariño que Carlos recibiría en el O’Rondeman sería providencial en muchos sentidos. No sólo Giggio le había tomado afecto, sino que también Andrés de Firpo y Oriente le daban una mano de cuando en cuando, regalándole frutas y legumbres de la verdulería que se hallaba frente a la fonda.
César Menotti.

¿Qué edad tendría Carlos por entonces? No se sabe con exactitud. Pero teniendo en cuenta las leyes vigentes para ese momento, se puede deducir con bastante aproximación. Según la ley del 12 de junio de 1899 se destaca lo siguiente:

"Está prohibida la entrada de menores de 18 años a cafés, confiterías, fondas, posadas u otras casas pública donde se juegue al billar;
No se podrá ocupar a menores de 16 años en trabajos que se ejecuten durante las horas de la noche".

De esta manera, este aspecto legal nos puede orientar con relación a la posible edad del joven Carlos Gardes: la misma oscilaría entre los 16 y 18 años de edad. A fines aclaratorios, por “horas de la noche” se consideraba el lapso entre las 21 y 6 de la mañana.

Quizá esa fuera una de las causas del malestar que le producía la presencia del joven Gardes dentro del mundo del O’Rondeman a Luis Landoni, cuñado y socio de Giggio. Traverso solía esperar a que éste se fuera a dormir para darle de comer. La cena solía terminar con un pedido de Carlos al mozo:

-Che, pibe, traéme un roquefort con cantemán...

En 1913, Carlos tendría un problema con la policía, del cual Giggio sería testigo. Esto ocurrió el domingo 26 de enero. Mingo Daguita da su propia versión de los hechos: 

"Fuimos una vez con Yiyo, Carlos y yo. Yiyo pesaba en ese tiempo ciento sesenta y siete kilos y entraba por el portón grande.... mire, cuando veíamos venir un coche sabíamos si venía Yiyo o no, porque si estaba él adentro el coche venía todo ladeado...bueno, como le digo... y cuando íbamos a entrar con Carlos... lo detienen a Gardel... la policía..."
"...y entonces fuimos a averiguar nosotros cual era el motivo porque lo habían llevado, y entonces nos dijeron que motivo no había ninguno grave... que era por malas juntas...." 

Berta Gardes (la madre de Carlos ) presentó una denuncia ante la comisaría por la desaparición del joven. Allí decía:

"En la Capital Federal el día 30 del mes de enero del año 1913 siendo las 10 AM compareció a esta oficina una persona que previo juramento que prestó en forma al solo objeto de comprobar su identidad, dijo llamarse Berta Camares Vda de Gardes, ser de nacionalidad francesa, de profesión planchadora, de estado viuda, de 47 años de edad, domiciliada calle Corrientes N° 1557 e hizo la siguiente denuncia: Que se presenta a esta oficina a fin de que se dé constancia del actual paradero de su hijo Carlos Gardes, el que es francés, de 22 años, trigueño, pelo castaño oscuro, ojos marrones, tiene una cicatriz cortante debajo de la oreja derecha, es grueso y alto, viste de negro y como que el domingo que fue a las carreras no ha vuelto al hogar pide a esta oficina se averigue si le ha ocurrido un accidente o estuviera detenido, que de lo ocurrido no dio cuenta a la seccional, con lo que terminó el presente acto. 
Leído que le fue, se ratificó y firmó: “Berta Gardes” .



Evidentemente la policía le soltó, pues ese mismo día Berta se presentó a la comisaría para desestimar el pedido:

"Enero 30 de 1913.
En la fecha compareció nuevamente la interesada, solicitando se deje sin efecto el pedido presentado, en razón de haber aparecido el causante con lo que terminó el acto y leído firmó lo que certifico".

CONSTANCIO

Constancio Traverso, en su comité.
"Parecía extraído de todos los cuentos, las narraciones, los sainetes y los dramas en que figura la reciedumbre del caudillo político de parroquia, incondicional secuaz de los dueños del poder. Árbitros de los comicios fraudulentos, reflejan rasgos de aquella energía, aquella prepotencia, aquel paternalismo, aquella inescrupulosidad, aquel sentido feudal, condiciones apañadoras de vicios y delitos y capaces también de algunas virtudes: coraje, lealtad, generosidad”.
Edmundo Gibourg





Esta afinidad con el dueño del restaurante vinculó a Carlos Gardés con Constancio, el primogénito de los Traverso, y caudillo conservador de la zona más cercana al Mercado del Abasto. Se dice que la primera vez que Constancio escuchó a Carlos le dio un fuerte abrazo y le dijo:

-Es la primera vez que consiguen hacerme la dulce emoción de las lágrimas... Usted canta muy lindo, amigo. Lo felicito.

Constancio Traverso (1867-1917) aparece en el censo de 1895 viviendo en la zona del antiguo mercado "Lorea", desde donde muchos comerciantes y verduleros se mudarían al barrio del Abasto.
Figura como italiano, de profesión "corretage", veintinueve años de edad y casado con Josefa Perez, de nacionalidad uruguaya.
El 23 de enero de 1899 nació Juan Alberto, hijo natural de Constancio y de Adela Bende, de veinticinco. El 28 de agosto de ese año lo bautizaron, figurando como padrino su propio padre, don Agustín Traverso, domiciliado en Laprida 524.
Aparentemente, ese mismo día bautizaron a otra niña, de nombre María Elena. Lamentablemente los datos no aparecen completos.
Firma de Constancio Traverso
en una de las actas de bautismo.
Sí en cambio hay constancia del nacimiento de Luisa. Esto ocurrió el 25 de marzo de 1900. Adela aquí figura con veinticuatro años. El 15 de abril de 1902 la pareja bautiza a su hija, figurando como padrino su cuñado Luis Landoni.

Constancio se había involucrado en el mundo de los comités conservadores a temprana edad. Su padrino en la política fue el mendocino Benito Villanueva.
En 1885, Villanueva funda la Estancia El Dorado en el pueblo de Vedia, Buenos Aires. Allí se dedicó a importar ganado vacuno de razas Shorthorn y Aberdeen para reproducirlas en el país. El 27 de abril de 1889, compró las tierras pertenecientes a la Estancia El Talar de Pacheco y funda su Establecimiento de Campo Los Arenales, terrenos que con posterioridad se convertirían en la Ciudad de Ingeniero Maschwitz.
Hacia 1902 -por entonces ya había sido diputado nacional por Mendoza y recientemente electo Presidente de la Cámara de Diputados- se agrupó con otros estancieros para formar el primer frigorífico con capital argentino denominado Sociedad Anónima de Carnes Congeladas “La Blanca”. Antes de terminar la primera década del Siglo XX se produce la quiebra del frigorífico de capitales argentinos fundado por Villanueva y es vendido a Morris y Armour que, junto a Swift y Hammond, constituyeron un oligopolio. Es posible que a raíz de la relación entre los frigoríficos y el mercado del abasto hayan terminado conociéndose Constancio y Benito.

Apadrinado por el estanciero, Constancio inauguró un comité en su propio domicilio –Anchorena 666–, donde, aparte de algunas sillas y mesas, no había prácticamente mobiliario, y tampoco hacía falta, ya que la mayoría de los concurrentes iban al recinto a jugar al gofo, al monte y otros juegos de mesa. Un día se acercó al lugar Xena, dueño de una lechería en la esquina de Lavalle y Anchorena y un jugador empedernido. Contempló un rato el salón del comité, suspirando y negando con la cabeza.

–¿Qué pasa? –le preguntaron.
–Este Constancio, siempre haciendo macanas –se quejó–. ¡Solamente a él se le ocurre instalar un comité en el tercer piso!
–¿Y qué inconveniente tiene el tercer piso? –preguntó Granolina, otro de los que se hallaba en el lugar.
–¡Pelandrún! ¿Y dónde se juega a la taba?

Poco tiempo después, se armó una gresca importante dentro del O’Rondeman. Allí fue la policía, que se llevó a la comisaría en averiguación y para que sirvieran de testigos a todos los presentes. Entre ellos se hallaba doña María Stagno, dueña de la fonda... y madre de Constancio. El hombre, enterado de la detención, se acercó a la seccional y directamente encaró al comisario:

–Quisiera saber, señor, ¿por qué tiene usted detenida a esta señora?
–¿Y a usted, quién le da vela en este entier...?

Constancio lo desmayó de un puñetazo. Tomó luego a su madre de un brazo y la sacó de la comisaría, ante la mirada impávida del resto del personal policial. Al día siguiente, el comisario estaba cesante. Pero como también él tenía sus valedores, fue a verlo a don Benito para pedirle que lo repusieran.

–Vea, amigo –le contestó Villanueva–. Yo nada puedo hacer. Si quiere volver a su cargo, vaya a verlo a Constancio, explíquele la situación y pídale disculpas...

Hacia 1910, la vida política y social del Abasto giraba alrededor del comité que dirigía Constancio. “Era un mundo aparte, un rincón aislado de la ciudad, hasta donde no llegaban las leyes ni el brazo de la autoridad. Dentro de él, todo era lícito y no imperaba más voluntad que la del caudillo, el cual no era, como suele creerse, un mero ejecutor de la voluntad del senador, o del ministro al cual respondía, sino que se imponía a éstos cuando era demasiado grande el número de las voluntades que lo seguían ciegamente. Don Benito Villanueva, por ejemplo, podía dar la orientación general del Partido Conservador, pero en el Mercado de Abasto se hacía lo que quería don Constancio Traverso”, relata Silvestre Otazú en una serie de notas que escribió para el diario Clarín.
Al comité concurrían cada tanto figuras relevantes del conservadurismo, además de Villanueva: José Evaristo Uriburu, Belisario Roldán y la rechoncha figura de Pedro Cernadas. Este último era el caudillo principal de Balvanera y así lo inmortalizó la copla popular que hacia 1905 circulaba, y que decía:

“Abran cancha al luchador/ que dispuesto a atropellar/ y a lucirse y a triunfar/ se anuncia así donde quiera:/ Don Pedro, el de Balvanera, pa lo que gusten mandar”. 

Cernadas era consignatario de frutos del país, y había sido coronel de Guardias Nacionales, juez de Mercado, varias veces concejal y hasta diputado nacional por la Capital hacia 1902.

Según Edmundo Guibourg -futuro cronista del diario Crítica- Carlos Gardes supo cantar allí: “Un día yo pasaba por un comité conservador... que respondía a la política de Benito Villanueva y José Evaristo Uriburu, Partido Autonomista Nacional, cuando el caudillo político me llama y me pregunta en qué grado estaba, y después me pide si yo no iría a copiarle unas cartas... Entonces me explicó ‘...yo te dicto y vos escribís, porque no tengo fe en los grandes hombres para confiarles mis secretos y con vos estaría tranquilo’. ¿Y a quién encuentro en el patio del comité, cantando cuestiones folklóricas con una guitarra que le habían prestado? A Carlitos Gardel. Él me reconoció, yo también aunque estaba hecho un gordito infame, tenía una punta de kilos encima”.
Benito Villanueva.

En 1916 -y bajo la ley Sáenz Peña- se convocaron las primeras elecciones abiertas nacionales para los hombres mayores de dieciocho años. La casa de Constancio Traverso era la sede del partido conservador (tenía también una segunda filial muy cerca, en Corrientes 3181). Allí se depositaban las libretas de enrolamiento de los ciudadanos que votarían en las próximas elecciones. Los conservadores intentaban retener el poder a fuerza de extorsión, recompensas y exigencia de lealtad (se dice que Constancio Traverso dio veinte pesos a cada afiliado para que votara por ellos). Sin embargo, los tiempos habían cambiado. Los hombres que hasta entonces le habían respondido aceptaron el dinero, pero votaron por los candidatos que les dictaba su conciencia ciudadana, recién abierta a su expresión. El triunfo del radicalismo fue arrollador y hasta los partidos nuevos, como el Socialista, aparecían con un número insospechado de votos (Alfredo Palacios llegaría a diputado). Los caudillos, como los comités, perdieron su fuerza. Se dice que Benito Villanueva, al conocer el resultado de la elección, dijo:

–Bueno, ahora hay que retirarse de la política.

La frase pudo haber sido dicha, pero lo cierto es que Villanueva continuó batallando en la arena política. El hombre que en enero de 1907 llegó a presidir interinamente la Presidencia de la Nación ante una licencia de Figueroa Alcorta, no se iba a rendir fácilmente.
La fórmula presidencial que asumió el 12 de octubre de 1916, estaba integrada por Hipólito Yrigoyen y el riojano Pelagio B. Luna como vicepresidente, del partido Radical. En setiembre de 1919 falleció el vicepresidente electo. El primero en la sucesión presidencial pasó a ser entonces el titular provisorio del Senado, que en este caso pertenecía al primer partido de la oposición (Partido Demócrata): Benito Villanueva. El demócrata Villanueva fue el virtual vicepresidente de Yrigoyen por tres años, hasta el 12 de octubre de 1922, cuando asumió otro radical: Marcelo T. de Alvear...

Quien sí resultaría más afectado por el resultado de los comicios sería, en cambio, Constancio Traverso. Perdido todo su poder de influencia, el 31 de agosto de 1917, falleció, cuando tenía cincuenta años.

JOSÉ "CIELITO"

Por aquellos años, hubo otros dos hermanos de los Traverso que tuvieron una triste trascendencia: José “Cielito” y Félix, aunque por una cuestión cronológica, no es muy posible que Carlos Gardes les haya conocido. Ellos supieron atender las casas de juego que Constancio consiguió en virtud de sus contactos políticos ("Cielito" tenía una casa de alterne que administraba en Montevideo, sito en la calle Colón 217). 

José Francisco Traverso nació el 6 de setiembre de 1872 en la Boca, y fue bautizado el 24 de noviembre de ese mismo año.
En el censo de 1895, figuraba viviendo en la sección 17, a unas pocas cuadras del Abasto. Allí se sindica como soltero, de veintidos años, profesión comerciante y que iba a la escuela (?).

Sus actividades le llevaron a Laureles del Queguay y Tambores, departamento de Tacuarembó, Uruguay, donde conoció a una muchacha llamada Amanda Cabral, hija de Elodina Escayola y un hombre de apellido Cabral (que aparentemente la había raptado). Elodina era dueña de un almacén con despacho de bebidas, salón de baile y juego de naipes. En noviembre de 1900 se produjo su deceso, con el consecuente desmembramiento familiar. Amanda se trasladó a Buenos Aires y comenzó a convivir con "Cielito".

Meses más tarde tuvo lugar un episodio de violencia que costó la vida de Juan Carlos “Vidalita” Argerich, estudiante e hijo del cirujano Juan Antonio, de larga prosapia.
En las primeras horas del domingo 22 de diciembre de 1901, Traverso asistió a “El Tambito” en compañía de Rafael Donantini (apodado “Mosquito”), de 24 años, José Bendito (“El Tano Sangregorio”), de 26, Alfonso Rendano (“Moreira Falsificado”), de 24; y dos mujeres: Amanda Cabral y Rosalía Brenen o Cordamián, también conocida como “La Ñata Rosalía”, oriental, de 30 años, soltera, prostituta, domiciliada en Artes 535, compañera de Rendano. 

El Tambito, hacia principios de siglo XX.
Los músicos de la orquesta eran Roque Rinaldi (violinista), Eusebio Aspiazu (a) “El Ciego”, encargado de la guitarra, Vicente Peche (Flauta) y el menor Francisco Aspiazu.
A la madrugada llegó Argerich en compañía de Raúl Chenaut y Eduardo N. Dufy. Pasado un rato, Argerich se acercó a los músicos y les pidió que tocasen el tango “La Tirana”. Los músicos le contestaron que no lo tenían en su repertorio, pero que en su reemplazo tocarían “Reina de Saba”, de Rosendo Mendizábal. Molesto, el joven comenzó a insultar a los músicos y les arrojó un vaso.
Pasado el tumulto, Chenaut observó cómo uno de los músicos se acercó a la mesa donde estaban Traverso y sus acompañantes y les pidió armas, razón por la cual sugirió a sus amigos la conveniencia de retirarse del lugar. Sin embargo, Juan Carlos no pudo contenerse, se acercó a la mesa y gritó: 

    –¡El que sea hombre, que me siga! 

La gresca estalló. Como consecuencia de la misma, Argerich recibió una puñalada en el vientre.
Traverso, Rendano, Bendito y las dos mujeres se dieron a la fuga en un carruaje. Donantini, por su parte, ayudó a subir a un coche de plaza a Argerich, haciéndolo conducir al Hospital del Norte, donde quedó internado en grave estado. Traverso y los demás se dirigieron al domicilio de “La Ñata Rosalía” para esconderse y ponerse de acuerdo en qué debían declarar a la policía.

José Bendito se presentó espontáneamente el martes 24 a las autoridades. Por las declaraciones de Bendito, fue detenida el mismo día la “Ñata Rosalía". Rendano y Donantini fueron detenidos al día siguiente.
El viernes 27 de diciembre falleció Juan Carlos Argerich. Inmediatamente, la policía fue a buscar a José "Cielito", deteniéndole en su domicilio. Según la declaración policial, el hombre tenía 27 años, se domiciliaba en Laprida 501 –a unas cinco cuadras del “O’Rondeman”, probablemente el mismo domicilio que tenía en el censo de 1895-  y se declaró comerciante de profesión. Se reconoció autor del hecho.
Aparentemente, Amanda -la muchacha que había conocido en Uruguay y que vivía con él- ya no se hallaba en Buenos Aires. Probablemente aconsejada por "Cielito", había regresado a su lugar de origen.

Los cuatro involucrados en el hecho tenían antecedentes policiales: José Traverso había sufrido una condena por homicidio. Seis años de reclusión en la penitenciaría nacional, beneficiado por indulto presidencial el 25 de mayo de 1898. El 21 de mayo de 1901, fue detenido nuevamente, esta vez por desorden en la comisaría 11ª y recobró su libertad tras pagar la multa correspondiente.
José Bendito, por su parte, tenía dos entradas anteriores por lesiones graves. Rafael Donantini había cumplido una condena por el homicidio de Humberto Volpi (a) “Toscanito”, hecho ocurrido el 6 de junio de 1894 (también fue beneficiado por un indulto presidencial). Alfonso Rendano, por su parte, tenía cuatro entradas por hurto.

El 5 de febrero de 1903, el juez Tomás de Veiga dictó sentencia, condenando a Traverso como autor principal del homicidio a quince años de presidio, a Donantini a cinco años, y a Bendito y Rendano a cuatro años de presidio.
Sin embargo, la pena sería cambiada por un indulto a cambio de que "Cielito" se fuera del país. El singular destierro contenía un permiso para permanecer en Buenos Aires siete días al año, durante las fiestas navideñas. Se rumoreó que Traverso fue indultado gracias a las vinculaciones políticas de Constancio.

Apenas libre, José fue a reunirse con Amanda, quien había vuelto a Tambores. La vida de “Cielito” siguió por los escabrosos caminos del juego y la prostitución.

Muchos años después -cuando Carlos ya comenzaba a ser un nombre en el mundo artístico de Buenos Aires bajo el nombre de "Carlos Gardel"-, el cantor resultó baleado a la salida del Palais de Glace, en un confuso episodio. El hecho ocurrió el 11 de diciembre de 1915, cuando Gardel y algunos amigos (el actor Carlos Morganti, Elías Alippi y Abelenda) habían ido al Palais de Glace con motivo del cumpleaños del cantor.
Instalados en el local, Gardel y sus amigos comenzaron a sufrir las burlas de una barra. Al principio los artistas hicieron caso omiso de las provocaciones, pero las agresiones continuaron y Alippi y sus compañeros decidieron retirarse. Gardel se acercó a los provocadores, intentando, con su habitual simpatía, persuadirlos de que desistieran y aparentemente los jóvenes aceptaron las palabras del cantor.
Minutos más tarde, los miembros del elenco comentaban el mal trance mientras viajaban en automóvil, pero, para su sorpresa, la noche aún depararía más problemas. “Pocas cuadras habían andado –reza la crónica del diario La Razón–, cuando al llegar a la esquina de avenida Alvear y Agüero el automóvil se detuvo debido a una panne del motor”. Cuando el grupo descendió para ver qué le ocurría al auto, escucharon el ruido de varios vehículos que se acercaban.
Aquí las versiones difieren, pues hay quienes sostienen que Gardel y sus amigos volvieron a subir al auto y fueron perseguidos por la plaza Francia, mientras que otros afirman que el cantor se les acercó, diciéndoles: “Pero muchachos, no hay por qué hacer esto, si todos venimos a divertirnos no más”, y Roberto Guevara, uno de los agresores, sacó su arma y le disparó. Algún otro juraría que Gardel tenía un arma en el bolsillo y que fue herido cuando intentó desenfundar. Esteban Capot -un conocido de la infancia de Carlos-, por su parte, aseguró que la bala iba dirigida a Alippi, y hasta se han difundido versiones de neto corte policial, con Gardel como epicentro de un idilio amoroso con “La Ritana”, una madama que regenteaba prostíbulos.

Un chofer testigo de la escena salió corriendo en busca de un policía, pero Guevara, uno de los agresores, gritó: “¡Ya no vas a cantar más El Moro!”, y disparó. Gardel cayó herido y Guevara y sus cómplices se dieron a la fuga.
Llevado de urgencia al hospital Ramos Mejía, “los primeros momentos fueron angustiosos. Se temió que la bala hubiera interesado el pulmón”, recordará Sumaje, quien supiera ser chofer del artista. Sin embargo, el parte médico anunció que Gardel no corría peligro: la bala, disparada a quemarropa contra el pecho del cantante, no había afectado ningún órgano vital; ni siquiera había tocado un hueso.
El futuro especialista en patología quirúrgica Ricardo Donovan, por entonces un practicante, había examinado la herida de Gardel, “comprobando que había perforado el pulmón izquierdo sin orificio de salida; la posterior evolución favorable del caso decidió a los facultativos a no extraerle el proyectil, que así permaneció alojado en su pecho toda la vida”.  Apenas un centímetro más arriba y el proyectil habría destrozado el corazón del cantor.

Gardel salió del hospital por sus propios medios pero sus actuaciones en el San Martín -donde venían teniendo una gran temporada con Razzano, su socio artístico- ya estaban descartadas. Pocos días más tarde, Carlos estará listo para volver al escenario. Gardel, “Por su parte (...) nunca dio a ese hecho trascendencia alguna. A su modo de ver, constituía una desgracia que ni valía la pena comentar”, reflexiona Sumaje.

Edmundo Guibourg aseguraría que el cantor pasó su convalecencia en Tacuarembó: "Allí, se encuentra con el hermano menor del caudillo Traverso, José Cielito Traverso, que se había escapado de Buenos Aires porque había matado a un cajetilla en el Armenonville. Gardel se encuentra con Cielito, a quien conocía del comité, naturalmente. Pasa su convalecencia allá —aproximadamente un mes— lo cual explica el conocimiento con gente que puede prestarle ayuda para sacar ese documento falso en el que aparece como nacido en Tacuarembó."

Cuál sería la fuente del conocimiento de Guibourg, lo ignoro; lo cierto es que no hay constancias de dicho encuentro, o de la estadía de Gardel en Tacuarembó. De hecho, la reposición de Carlos sería muy rápida: volvería a cantar en Montevideo el 3 de enero, reiniciando sus actividades artísticas.
La huella de "Cielito" nos lleva a también a Montevideo, pero sin fecha precisa. Allí tuvo un garito en calle 18 de Julio y Andes y otro en San Martín 2411; fue detenido el 27 de setiembre de 1920 por juego clandestino. Meses más tarde se trasladó, solo, a Santa Ana do Livramento, en la frontera de Uruguay y Brasil, donde falleció el 8 de julio de 1921, a los cuarenta y siete años.

FÉLIX

Félix nació el 4 de noviembre de 1885 en Buenos Aires, siendo bautizado el 4 de abril del año siguiente. Fue el décimo hijo de los Traverso. En el acta de bautismo, los padres se declararon católicos y domiciliados en la calle San José 19. Don Agustín se presenta como analfabeto, de profesión "negociante", y doña María como costurera.

Una versión dice que en realidad el O´Rondeman le debe el nombre a Félix. Según esa historia, la fonda en realidad se llamaba El Progreso pero Félix, al ordenar una vuelta de bebida, de salame o lo que fuera, gritaba: "o rondeman de...". La anécdota es simpática, pero no hay constancias de que Félix haya trabajado en la fonda. Se puede tratar, en cambio, del sobrino de Giggio, de nombre homónimo, y que heredó el O´Rondeman luego de la muerte de aquél.

Hay otra pequeña leyenda urbana vinculada con Félix (al que algunos dicen que llamaban Felicín, pero puede ser que se tratase del sobrino). Cuando ocurrió el homicidio de Argerich, comenzó a circular una versión que decía que quien en realidad le había matado había sido Félix Traverso -el hermano de Giggio- y que José "Cielito" decidió protegerle ante la Justicia, asumiendo la culpa. Quizá el hecho de que el muchacho apenas contaba con quince años le movilizó a reemplazarle ante la justicia.

De todos modos, el sino del joven también era tener un final trágico. El 1 de junio de 1903, hirió en un brazo a Domingo Escopeta, un parroquiano que había ingresado al O´Rondeman en estado de ebriedad. Félix fue liberado por falta de mérito.
El 5 de mayo de 1907, el O´Rondeman fue escenario de otro grave incidente. Hacia las 9 de la noche, ingresó Luis Bosco pidiendo un café a uno de los mozos. Bosco tuvo un altercado con otro mozo, pues juzgaba que el pedido tardaba demasiado. El mozo -de nombre Héctor Barranquelle- le abofeteó la cara.
Bosco salió de la fonda y se fue a buscar a su hermano Francisco, mayorista del Mercado y persona respetada en el barrio. Los hermanos regresaron al O´Rondeman para aclarar lo acontecido. Al ingresar, se encontraron con el mecánico Francisco Gattadi (o Cataldi), quien se hallaba sentado en una mesa. Francisco se sentó con él, al tiempo que llamó a Félix para aclarar lo que había acontecido.
Félix explicó que no había sucedido gran cosa, y que inclusive Gattadi podía atestiguar al respecto. El mecánico dijo la verdad: que Barranquelle había abofeteado a Luis Bosco; Félix, lívido de furia, tomó la azucarera y se la arrojó al mecánico, quien respondió lanzándole la taza de café por la cabeza.
Traverso sacó su navaja y atacó a Gattadi, hiriéndole en un pulmón. El hombre salió corriendo hacia la calle, pero inmediatamente cayó desplomado en un charco de sangre. Murió en el acto.

Félix huyó del lugar, pero cinco días más tarde se presentó al Juzgado de Instrucción del Doctor Frías. Se declaró inocente, aduciendo además que desconocía quién había sido el autor del crimen (según otra versión, le apresaron cuando intentaba escapar al Uruguay). A partir de allí se perdió información sobre el destino del juicio, y del propio Félix. Una versión aduce que fue juzgado y condenado, y que murió poco después de ingresar en prisión, en circunstancias poco claras.
Lo que se sabe concretamente es que no volvió a vérsele...

LOS OTROS TRAVERSO

Firma de Agustín Traverso, en el acta de bautismo
de su nieto Livio Agustín Giagnoni,
ocurrido el 14 de abril de 1910
(Fuente: Censo Nacional de 1895).
Los Traverso tuvieron al menos once hijos: además del primogénito Constancio (1967, único hijo nacido en Italia), tenemos a Catalina Benedetta (26 de noviembre de 1870), su primera hija. En su acta de bautismo, el matrimonio figura con cinco años de diferencia: él tiene 27 y ella 22. Viven en la Boca. Se casó con Alfredo Barés.
Un detalle: Benedetta tocaba aficionadamente la guitarra, y como vivía en los altos del O´Rondemna, solía prestarle la guitarra a Carlos y sus amigos para que tocaran en la fonda.
Le siguen José "Cielito" en 1872, Esteban Carlos (27 de setiembre de 1874), Luis Traversa (sic), nacido 19 de octubre de 1876, y Francisco Victor (15 de mayo de 1879). En este acta, el matrimonio Traverso aparece registrado con la misma edad: treinta años.
Tras el nacimiento de Alberto "Giggio" en 1881, vino Luisa (1884 aprox), quien se casaría el 17 de abril de 1902 con Luis Landoni, luego socio de Giggio en el O´Rondeman. Luisa vivía en la calle Laprida 524 y Landoni -que había nacido en Italia en 1870- se domiciliaba en la calle Guardia vieja 273. De Landoni, cabe decir que en el censo de 1895 ya figuraba viviendo allí. Vivía con su hermano Angel, la esposa de éste y su hijita. Los dos Landoni se registran como carniceros.
Luego venía Félix en 1885, y Benedicta Florinda (22 de agosto de 1887), quien fuera la undécima hija del prolífico matrimonio. Florinda se casó con José Leoni, italiano, con quien tuvo un hijo, Aldo José Leoni (13 de noviembre de 1911). El matrimonio también vivía en las cercanías del Abasto, en la calle Anchorena 537 (recordemos además, que el comité de Constancio estaba en Anchorena 666).
Landoni, como en el caso de los hijos de Constancio, sería el padrino. Por entonces, seguía viviendo con Luisa (y don Agustín) en Laprida 524.
Aldo Leoni recordó haber visto a Carlos: "una vez en este mismo café donde  ahora estamos, en presencia del dueño, César Menotti, Carlitos se puso a cantar cuando eran las siete de la tarde y eran las diez de la mañana del día siguiente y aún estaba cantando sin que la barra que lo rodeaba hubiera disminuido. Lo querían mucho. Era un muchacho pobre, sencillo, carrerista y quizá un poco indolente, pero, todo era agarrar la guitarraba, y se le perdonaba todo" (Aldo había nacido en 1911, así que es probable que sus recuerdos fueran una suma de experiencias propias y familiares. No obstante, es un retrato interesante de la época).
Sigo con los hermanos Traverso. En 1891 nació Palmira. Aparentemente, también fue hija de don Agustín, aunque en sus documentos figura como nacida en Italia (probablemente don Agustín lo tuvo con Carlota Parmeter, también genovesa, once años menor que él. ¿La habrá conocido en su tierra natal, cuando volvió tras el fallecimiento de su primera esposa en 1906?).
Palmira se casó con Alejandro "Gigi" Giagnoni, italiano, con quien tuvo dos hijos: Livio Agustín y Osvaldo Alejandro. Don Agustín Traverso -ya en su senectud- sería el padrino del primero, y Landoni del segundo. El matrimonio vivía en Laprida 546, al lado de los Landoni. Giagnoni también sería socio del O´Rondeman. 

LA MUERTE DE YIYO, EL ADIÓS AL ABASTO

El Abasto hacia 1916.
Hacia 1923, Carlos Gardel se hallaba en pleno apogeo de su vida de artista. Junto con Razzano, habían conformado un dúo de cantores que cosechaba grandes éxitos, principalmente en Argentina y Uruguay. Sin embargo, y a pesar de que sus obligaciones le habían alejado del mundo del Abasto, "Cada vez que venía a Buenos Aires después de una gira, ya fuera por el interior o por el extranjero, jamás dejaba de venir a estrechar la mano de sus viejos amigos", recordaba Juan Ferrari, puestero del mercado. Solía cantar especialmente para Giggio, e incluso estrenar algunas canciones en la fonda (entre ellas "Mano a mano", aseguraba Mingo Daguita. En dicha ocasión Nicolás Berazatagui, entrenador de Racing, habría estado presente). El dueño del O´Rondeman también solía pedirle que Carlos le cantara alguna canción napolitana, a lo que Gardel accedía gustoso.

Giggio Traverso no estaba bien de salud. Había engordado mucho -llegó a pesar 164 kilos-, y ya no podía caminar las pocas cuadras que le distanciaban del local La Fainá, donde compraba vinos italianos. Poco después ya no podía ni subir las escaleras ni desvestirse solo, y el "Tanito" Oriente debía acudir en su ayuda para llevarlo a su habitación por la noche.
Los amigos y hermanos, alarmados por el estado físico de Alberto, le aconsejaban que comenzara una dieta. El hombre prometía intentarlo, pero la presencia permanente en la fonda, rodeado de alimentos en proceso de cocción le hacía flaquear. Comenzó a dormirse en cualquier parte: en las carreras del hipódromo -Giggio poseía una yegua de nombre "Dinga", una zaina que había debutado el 29 de abril de 1923-, en los picnics que hacían los amigos; incluso a veces en la propia fonda.
Un domingo por la mañana sufrió un ataque cardíaco. Un fuerte dolor en el pecho le impidió levantarse de la cama y cuando llegaron los auxilios médicos de nada sirvieron, puesto que la enorme cantidad de grasa que rodeaba a su corazón impidieron que hicieran efecto los métodos estimulantes. 
El dueño del O´Rondeman alcanzó a enterarse de q ue su yegua había perdido la carrera en el Hipódromo -estaba anotada en la cuarta-, y poco después cayó inconsciente, para no volver a despertar.

El Abasto estaba de duelo. Gardel, que cumplía actuaciones diarias en el Teatro Empire, de Corrientes y Maipú, se enteró de la noticia por intermedio de "Granolina", que se acercó al teatro a la finalización de la actuación.

-Carlos, murió Yiyo...

La sonrisa de Gardel se quebró.

-Vamos...

Los amigos partieron en silencio hacia el O´Rondeman. Gardel fue uno de los encargados de portar el féretro de Giggio (o "Yiyo", como le decían comúnmente).


El sepelio de Giggio Traverso. A la derecha, se puede observar
a Carlos Gardel portando el féretro.
A partir de la muerte de Alberto Traverso, Gardel empezó un alejamiento más pronunciado del barrio.
Buenos Aires se transformaba. El O´ Rondeman comenzó una lenta decadencia. El negocio pasó a manos de su sobrino Félix, quien se asoció con Carlos Girola, su tío. La fonda permaneció abierta durante once años más, hasta 1934 que cerró sus puertas definitivamente.
En 1935 el local se dividió en dos. Sobre la esquina de Humahuaca se abrió un depósito de fruta, y sobre Agüero se instaló el Café y Restaurante “El nuevo japonés”.

Años más tarde la esquina quedó abandonada y las autoridades no tomaron en cuenta los pedidos de preservar el sitio como centro de interés histórico, por Carlos Gardel y por la memoria de una época, hasta que en el año 2007 fue demolida para construir en su lugar un edificio de propiedad horizontal.


EL TANGO Y LOS TRAVERSO

"Mercao de Abasto de entonces donde roncaban, Traverso, El Noy, Cielito y los Ponce... Los guapos formaban rueda y lloraban los carreros con las letras de Cepeda..."
Enrique Cadícamo







Pero si las políticas culturales de los distintos gobiernos no han hecho justicia con el O´Rondeman, el mundo del tango sí.
La historia de los Traverso no pasó desaparcebida para los poetas y músicos populares: al margen de tangos más genéricos como "El guapo del Abasto" o "Yo soy del tiempo aquel", al menos tres composiciones les recuerdan, compuestos nada menos que por Juan Maglio Pacho y por Enrique Cadícamo respectivamente.

Hacia principios de la década del 10, Maglio Pacho le dedicaría a José Traverso su tango "Cielito".
Juan Félix Maglio fue un destacado compositor, bandoneonista y director de orquesta de tango argentino que nació en Buenos Aires el 18 de noviembre de 1880 y murió en la misma ciudad el 14 de julio de 1934. Fue uno de los músicos más importantes de la llamada "Guardia Vieja". Escribió y grabó más de 900 tangos, que luego se consideraron clásicos como Armenonville y Sábado inglés, entre otros.

En 1936, el poeta Enrique Cadícamo presentaría su tango "El cantor de Buenos Aires". En ese bello poema, un imaginario Carlos Gardel reflexiona sobre sus comienzos:

"Voy mirando atrás y al comprobar
que el tiempo nuevo se llevó
la "franja", el "taco militar"...
Yo voy notando aquí en la zurba
que el corazón me hace una burla...
Nada duele tanto como ver
desenrollar del carretel
el hilo de la juventud...
Adiós glicina, emparrados y malvones...
Todo, todo ya se fue.

                     II
Dónde estarán los puntos los boliche aquel,
en el que yo cantaba mi primer canción...
Y aquellos patios donde pronto conquisté
aplausos tauras, los primeros que escuché.
Dónde estarán Traverso, el Cordobés y el Noy,
el Pardo Augusto, Flores y el "Morocho" Aldao...
Así empezó mi vuelo de "Zorzal"...
Los guapos del Abasto
rimaron mi canción.

                    I bis
Soy el cantor del arrabal,
jilguero criollo que pulsó 
la humilde musa de percal...
Me acuerdo de hace veinte abriles,
de aquellos bailes a candiles...
Cuando en una oreja iba colgao
como un hachazo en el costao
la mancha roja de un clavel...
Muchachos, todo lo ha llevado el almanaque...
Todo, todo ya se fue".

Hacia 1957, Cadícamo escribió un nuevo poema titulado "A Gardel", bastante similar al anterior, y que no agregaba demasiado artísticamente a esa maravillosa frase que sintetiza una época:


"Los guapos del Abasto rimaron mi canción".


***

Fuentes:

Barsky, Julián y Osvaldo, Gardel la biografía (2004), Editorial Taurus, Buenos Aires.
Barsky, Julián y Osvaldo, La Buenos Aires de Gardel (2008), Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
Di Santo, Victor, La cosa fue en El Tambito allá por el 900
Germino, Miguel Eugenio, O`Rondeman, Periódico Primera Página. Disponible en web: http://primerapagina93.blogspot.com.ar/2009/08/orondeman.html
Peluso, Hamlet y Visconti, Eduardo, Carlos Gardel y la prensa mundial después de su muerte (vol.1 y 2) (2014), Ediciones Corregidor, Buenos Aires.
Zatti, Rodolfo Omar, Gardel en el Abasto (2005), Ediciones Corregidor, Buenos Aires.
Censo Nacional de 1895. Disponible en web: https://familysearch.org/


* Soy investigador, docente de escuela primaria y secundaria, músico y cineasta. He realizado algunos libros sobre la cultura de Buenos Aires y la figura de Carlos Gardel. Este artículo se puede citar, copiar, cortar, etc, pero por favor ¡mencionen la fuente! Es una forma de respetar(nos) el trabajo. Saludos.

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